lunes, 15 de noviembre de 2010

Sobre tu ventana


Sobre tu ventana
La luna estaba justo en lo más alto del cielo cuando de pronto la luz se extinguió. Krysta que aún no podía cerrar los ojos, se alarmo dándose cuenta, pues la única luz que alumbraba su habitación se apagó. Esa luz era su única protección con ellos. Se aferró lo más que pudo a las sábanas rogando haber cerrado la ventana pero la cortina flameaba por el fuerte viento febril. Se estremeció cuando escuchó algo, un sonido leve pero potente a la vez.

Contuvo la respiración por un momento e intentó no mirar hacia la ventana; pero una silueta irrumpió en su intento. Él estaba posado de la forma más bella y exótica, hasta se podría decir que para ser pintado en un cuadro.
¾ No… –gimió, Krysta presa del miedo.
Había oído cosas terribles sobre ellos, los guardianes oscuros. No pudo quitarle la mirada a esos ojos tan tenebrosos y profundos, por lo que la consecuencia fue aterrante. Tuvo la sensación de ser jalada de su segura cama; no con fuerza, el movimiento fue suave y adormecedor, pero era algo aterrador. Sus pies desnudos se aferraron al suelo helado en un intento imposible con detenerlo. Con timidez avanzó hacia él cuando se vio rendida ante sus penetrantes ojos. Su largo cabello rojizo ocultó su expresión por un momento hasta que el viento embravecido acarició su piel, dejando entrever sus hermosos ojos caramelos.
¾ Eres perfectamente hermoso –murmuró, Krysta sin pensar en lo que hacía.
¾ Es mi naturaleza –su voz la golpeó como la brisa del mar, con un aliento delicioso. Él respondió con serenidad, respirando el fresco aire –, al igual que lo que tengo que hacer con tu alma, dulce.
¾ Entonces es cierto –sus rodillas quisieron ceder.
¾ No, Krysta. Esas historias que te han contado… sobre nosotros no son ciertas del todo –. Susurró.
¾ Pero vosotros… os lleváis el alma de cada persona –sus ojos lagrimearon, no por miedo, no por mirarle, sólo fue por el helado viento que no dejaba de hacer danzar su espeso cabello. –la gente queda… ellos –– con un movimiento rápido el guardián colocó un dedo sobre los labios de Krysta. Su piel estaba raramente temperada dándole la sensación de alivio y paz.
¾ Pero ellos viven, son nuestros servidores, Krysta. Así es este mundo, este nuevo mundo donde el caos que los humanos han creado nos obligan a tomar decisiones drásticas.
¾ ¿Ustedes no sienten? ¿No se dan cuenta de lo que nosotros sufrimos? –respiró con dificultad cuando de pronto el aire se apagó.
Algo controlaba el clima.
¾ No es nuestra naturaleza sentir –. Contradijo, retirando los dedos sobre sus labios, mirándola diferente.
¾ No te llevéis mi alma –murmuró, estremeciéndose al darse cuenta que no tenía más opción que rogar por su alma –, por favor… no, no lo hagas… no podéis.
¾ Estáis en mi lista, no puedo retroceder a lo que soy; lástima que seas tan bella.
¾ Déjame demostrarte cómo sentir –sus palabras se atragantaron una a una, como los movimientos que realizó.
Krysta se acercó más a él, con las manos temblorosas extendidas dispuestas a tocarlo, a demostrarle que sentir es más importante que llevarse las almas, amar es algo más natural a su verdadera naturaleza. Pero su propósito fue invalidado porque la mano del guardián la sostuvo de la muñeca con fuerza.
¾ No es la manera –gruño.
¾ Por favor –rogó, no supo en ese momento si fue por el hecho que el guardián la sujetaba fuerte o por el hecho que pronto no sentiría más.
Sus miradas quedaron estáticas por un momento, el viento febril se detuvo y la calidez que emanaba de sus cuerpos fue cada vez más intensa. Fue algo así como un viento cálido de verano en pleno invierno.
¾ ¿Dolerá? –preguntó, con hilo de voz.
Claro que no, quiso responder él. Tan sólo era colocar una mano sobre su pecho y la otra detrás del cuello, extraer el alma mientras poco a poco quedaría inconsciente. No moriría pero quedaría por un tiempo en un estado de coma, al momento de levantarse no volverá a ser igual, nadie lo era, y ello lo había sabido por su hermana, quien nunca recuperó el habla.
Él sonrió y bajó de la ventana. Se acercó a ella listo para cumplir con su deber. Extendió los brazos y suavemente acarició sus hombros. Ella tiró ligeramente la cabeza hacia atrás, entregándose por instinto. Nunca más sentirá, porque su alma se irá, eso era lo que más le dolía a Krysta, había pasado lo mismo con Keyla, su hermana.
Las lágrimas afloraron de sus ojos. Él acercó su rostro a uno de los hombros desnudos de Krysta donde la tira de la bata se había corrido. Sus labios se posaron en ella ligeramente, pero lo suficiente para voltear su mundo. Krysta lo rodeó con sus brazos, acercándolo más a ella presa de la última sensación que sería aquella. Si esto era lo último que sentiría, un beso, esperaría que fuera el mejor que nunca tuvo.
¾ No es así cómo se supone que debe ser –dijo, él sin aliento –, debería sólo llevarme tu alma pero…
¾ Entonces… siente… guardián oscuro… siente –le imploró.
La tomó de la cintura y besó su frente. No dejaba de estremecerse a tal allegado tacto. Sus labios irrumpieron con fuerza sobre su cuello, luego sobre la palpitante piel de su esternón y recorrió su cuerpo con pasión. Llegó un momento en el que su cuerpo se adormeció tanto que se dejó caer sobre los brazos del guardián.
La acomodó suavemente sobre el tibia cama, sus ojos estaban conectados; eran imposibles de ignorarse. Le regaló una ligera sonrisa mientras sus manos la poseían. El pijama de Krysta, una bata blanca, fue despojado de su cuerpo como arte de magia dejando un pequeño sonido de satisfacción por parte de ambos.
Ella rompió lo que pareció ser una camisa de la seda más cara que había visto en su vida. Su cuerpo era un dilema, los músculos perfectamente alineados y suaves, le gustó lo que vio.
Entonces mientras él se dejaba entregar a esa sensación de sentir, Krysta tuvo miedo. Miedo al qué pasará luego de esto, y en realidad qué era lo que estaba haciendo. ¿Estaba mal? Lo único que ella hacía era mostrarle cómo sentir a un guardián oscuro, que ahora se veía tan frágil sobre su piel y a la vez ella quería sentir todo lo que nunca podría sentir.
¾ Krysta… –susurró contra su oído, besando su cuello. Era una esencia distinta, como si de pronto sus cuerpos dejaran aflorar su propia fragancia. –de nadie más… mía.
El viento se había congelado, literalmente, no de frío, simplemente no existía, sólo estaban ellos juntos poseyéndose como si fueran de verdad dos almas extintas en un universo lejano a éste.
¾ Lo serás por siempre –gimió cuando él entró en su cuerpo. –mi guardián…
¾ Louis… mi nombre es Louis…
Pero el aliento no le daba para más, se entregaron por siempre olvidando todo… hasta el tiempo. Fue ahí cuando sus labios se unieron, la sensación de calidez inundó en todo su ser.
El guardián oscuro. Louis comprendió que parte de lo que quedaba de la humanidad no se había extinto y lo descubrió mientras sentía y comenzaba a amar…

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